domingo 27 de noviembre de 2011

A propósito de la entrada "No es el nombre; son los derechos"

El pasado miércoles 9 de noviembre se habló en DEMOS sobre el matrimonio homosexual. Esta tarde en la Sexta 3 he visto Adivina quién viene a cenar esta noche, y, pese a ciertos clichés machistas (al parecer se puede superar el racismo pero el machismo sigue vigente en cualquier color), es una película excelente.

Estoy segura de que ya lo han hecho otros, pero nada mejor que la aplicación del discurso del señor Drayton a la cuestión del matrimonio homosexual. Basta con cambiar colores por sexos (ah, y la alusión al "problema de pigmentación" por una simple "cuestión de sexo, genitales o género", lo que a cada cual le parezca más correcto). El "problema" no lo veo por ninguna parte. Oh, y naturalmente habrá que eliminar también eso de: [Anybody could make a case, a hell of a good case, against your getting married.] The arguments are so obvious... ¿Ah, sí? ¿Y qué argumentos son esos "tan obvios"?

Por desgracia, no he dado con el discurso en español. Ofrezco el enlace en inglés del IMDB.

(by bertelmax)

jueves 24 de noviembre de 2011

La 'minoría' del PP

Acertadísimo análisis del profesor Vicenç Navarro sobre la realidad de la representación parlamentaria: no es cierto que PP o CiU hayan sidos votados por la mayoría de la ciudadanía y, por tanto, que esa mayoría avale sus recortes:

Acertadíssim anàlisi del professor Vicenç Navarro sobre la realitat de la representació parlamentària: no és veritat que el PP o CiU hagin estat votats per la majoria de la ciutadania i, per tant, que aquesta majoria avali les seves retallades:

http://blogs.publico.es/dominiopublico/4282/%C2%BFdonde-esta-el-tsunami/

miércoles 9 de noviembre de 2011

No es el nombre; son los derechos

Una historia cuenta que cuando a Benjamin Franklin una mujer le preguntó qué clase de gobierno había contribuido a crear, Franklin le contestó que una República...si ella y el resto de ciudadanos eran capaces de conservarla a pesar de las élites que inevitablemente dirigen los Estados. La responsabilidad de cada uno de nosotros va más allá de votar cada cuatro años como algunos pretenden. La democracia puramente representativa ya no nos vale a la ciudadanía o, como mínimo, a una parte de ella.

Por eso cuando alguien que forma parte de esa élite, que aspira a gobernar y que, probablemente, lo consiga en breve me trata como si yo fuera idiota recuerdo que sí, que mi responsabilidad para evitar que una élite -no consciente de la exigencia ética que implica serlo, a la manera orteguiana- se aproveche de la la mayoría es enorme. Igual que la del resto de ciudadanos y ciudadanas.

Eso, tratarme de idiota, es exactamente lo que hace el señor Rajoy cuando sin ningún empacho afirma que si se le cambia el nombre a lo que ahora es el matrimonio homosexual, pues no pasa nada y todo el mundo contento. "Se trata de tener una ley como en Francia, Alemania o el Reino Unido", suelta Rajoy, como si eso le diera una pátina de modernidad y europeísmo. Pero, ¿es que es legal el matrimonio homosexual en estos países? No. Entonces, ¿a qué se refiere?

Rajoy se refiere a cambiarle el nombre a una ley...obviando conscientemente que eso equivale a reducir derechos. El problema no es cómo se llame un acto jurídico sino que al nombre que recibe siempre van asociados unos derechos u otros. Está definido en el código civil. Así que la palabra 'matrinomio', en la jurisdicción española, lleva asociados una serie de derechos (como, por ejemplo, la adopción). Por eso la única igualdad real era aprobar el 'matrimonio' homosexual, no la 'unión civil' o 'pareja de hecho' o cualquier otro supuesto falso sinónimo.

Y es eso, el derecho asociado al nombre, lo que quiere cambiar Rajoy. Que nadie se equivoque: no se trata del nombre; son los derechos.

martes 4 de octubre de 2011

UE: altura de miras

1945. Acaba la Segunda Guerra Mundial en el continente. Europa es desolación. Un lustro más tarde, Adenauer, Monet, Shuman, Churchill, Spinelli y Spaak, entre otros, sueñan y ponen en marcha lo que acabará siendo la Unión Europea, uno de los experimentos políticos más fascinantes de la era contemporánea. Con muchas imperfecciones pero con un objetivo común: caminar juntos para ser más fuertes, conjurar la pobreza y, con ello, los populismos y veleidades de hipotéticos ‘salvadores’.

Medio siglo más tarde, la inoperancia, falta de altura política y egoísmo están poniendo en serio peligro al euro. Y sin euro, no hay UE. Quien quiera creer que las consecuencias de dejar caer a Grecia van a ser solo económicas está equivocado…o interesado en hacer creer eso justamente. Pero no es así. Las consecuencias serán también sociales y políticas. Porque la salida de Grecia del euro, como algunos pretenden, es el fin de la UE. “No hay plan B”, sentencia Almunia, comisario europeo.

De hecho, las consecuencias políticas y sociales ya se están notando, aun antes de conocer cuál será el destino de la UE. Se está instalando en Europa la idea de un norte rico, trabajador y ahorrador pero egoísta, y la de un sur pobre, despilfarrador y vago. Las dos opciones que se sustraen de esta desunión –acaso escondida durante décadas por bonanzas e intereses económicos- son: o dejar caer a Grecia (¿por qué los mercados van a creerse que luego no vendrían Portugal, España, Irlanda, Italia…?) o que los ‘ricos del norte’, incluyendo Alemania, sean los que se vayan del euro (así lo ha propuesto el primer ministro holandés, Mark Rutte, quien, por cierto, gobierna gracias a la ultraderecha de Geert Wilder).

Ambas opciones tienen el mismo resultado: se acabó Europa, la UE se funde. Y con ella, la realidad de la convivencia en un continente históricamente convulso. El después de esta ruptura nadie lo conoce, pero algunos analistas llegan incluso a insinuar futuros conflictos bélicos regionales (¿los Balcanes de nuevo?). La historia se repite…o no, si sabemos/queremos evitarlo.
¿Cómo? Más Europa, más unión, menos particularismos y más altura política de nuestros líderes europeos. Especialmente, porqué no reconocerlo, del eje franco-alemán, eterno motor europeo. Sarkozy y Merkel están más preocupados por su futuro político en sus respectivos países que en estar a la altura de las circunstancias que les ha tocado vivir.

Necesitamos un Tesoro Europeo, unos eurobonos, unas bajadas de tipos de interés. Necesitamos abandonar la obsesión de reducir el déficit cueste lo que cueste, incluso a costa de ahogar esa misma economía que decimos querer resucitar. Los mercados no temen al déficit, temen al nulo crecimiento económico, a la nula perspectiva de recuperación. El miedo a inyectar oxígeno a la maltrecha economía europea –esté donde esté, geográficamente, el mayor agujero- nos llevará a todos a la ruina. Y el precio social será altísimo.

Y para atajar maledicencias: los créditos a Grecia suman, de momento, unos 60.000 millones de euros. La inyección al sistema financiero europeo se ha llevado ya más de 420.000 millones, y se calcula que harán falta unos 200.000 millones de euros más.
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