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martes, 28 de febrero de 2012

La realidad supera la ficción pero la ficción hace más real la realidad

El artículo de Carrie Romero en La Independent sobre Pixel Studi me recuerda lo esencial que es verse retratado. Parece que si no existimos en los medios, hasta en los de ficción (¿o especialmente en los de ficción?), no existimos al fin y al cabo. Y así es.

De niños nos vimos rodeados de la clásica visión heterosexual de las relaciones, o de la clásica visión heterosexual de la familia, que para mí viene a ser un poco lo mismo, porque para mí tu pareja es tu familia, y tu familia es tu casa. Y tu casa no es siempre un hogar de marido, mujer (que no esposa, sino "marido y mujer", o peor, "hembra y varón", ojo al dato) y "la parejita".

La familia, decía, es tu casa, y tu casa puede ser un hogar de una persona, de dos del mismo sexo, de dos de distinto sexo, con hijos, sin hijos, con abuela... Por eso es imprescindible que esa familia sea visible en todos los ámbitos. Y últimamente eso se intenta.

Se intenta a través de proyectos documentales como el de Pixel Studi, que habla de parejas de mujeres. Y se intenta, por ejemplo, incluyendo a personajes homosexuales en series de ficción, si bien todos sabemos que si alguien va a morir, por así decirlo, será el gay, que es como "el negro" de antes.

Yo preferiría una serie coral de verdad, con heterosexuales, homosexuales, hombres y mujeres de todos los colores... Pero al parecer en general hay que conformarse con "el chino, el negro, el latino y, ahora, el gay".

Por eso fue tan importante The L Word, serie de Showtime que muchas homosexuales criticaron porque hablaba de un "hatajo de pijas de Los Ángeles" con las que no se sentían identificadas. Lo decían porque ellas no eran pijas de Los Ángeles, naturalmente, pero, a mi modo de ver, se olvidaban de lo esencial. Lo esencial es que las lesbianas no eran un personaje secundario dentro de una trama heterosexual y que dicha serie retrataba el sexo entre mujeres de forma explícita. Por lo que a mí respecta, por primera vez en una serie una pareja de lesbianas no parecía un par de amigas al fondo que se dan la mano. Parecía, simplemente, eso, una pareja. Y además tuvo el gracioso gesto de colocar a una hetero entre el reparto. Qué endiabladamente entrañable.

He dicho por primera vez porque no había visto nada parecido en una serie hasta entonces. Y es que esta serie no fue una serie cualquiera. Tuvo tanto éxito que se convirtió en algo más que eso; de ella nació toda una comunidad y fue una vía de escape para muchas homosexuales. Según el New York Times, la crítica la acogió con entusiasmo y se hizo popular de inmediato. Tanto es así que, tras verse el piloto, se contrató la segunda temporada. Tenía fallos, el guión chirriaba algunas veces, algún que otro personaje sufrió una transformación incomprensible (Helena Peabody), otro se hizo simplemente insoportable (Jenny Schecter), pero por fin las relaciones entre mujeres parecían reales.

Lip Service, una serie de la BCC, ha intentado lo mismo en un contexto escocés y menos pijo, y por desgracia con menos éxito. By the way, que la BBC es pionera en esto de retratar lesbianas. Cabe mencionar, por ejemplo, las adaptaciones de los libros de Sarah Waters o el personaje de Anya Raczynski en Survivors, serie que –según leí aunque no puedo creer– se suspendió cuando lo de la gripe aviar (el argumento de la serie es que un 90% de la humanidad muere tras una epidemia de gripe y el 10% restante se las apaña para sobrevivir a sus congéneres; al parecer a la BCC le pareció demasiado "dura y real" por lo de la gripe). Bad Girls hizo sus deberes en la ITV. Etcétera.

Luego están las parejas de hombres de A dos metros bajo tierra, Mujeres desesperadas o Modern Family, esta última menos modern de lo que indica el título, dado el retrato de las mujeres como clásicas amas de casa y el de la típica tópica pareja gay. No obstante, cabe decir que, pese a los evidentes clichés, se las arregla para ir destruyendo los mismos a base de humor. Aunque para mí el mejor retrato de dos gays es el de A dos metros bajo tierra. En fin, algo es algo. Y hasta en Perdidos salió un gay, aunque era de los malos (si bien es justo decir que era un malo bueno).

Por suerte, cada vez hay más ejemplos, pero siempre es más fácil encontrar parejas de hombres que de mujeres. Con todo, en la ya mencionada Mujeres desesperadas, sin ir más lejos, lo último que se supo de Katherine es que se iba con la ex stripper Robin a París, y no en un viaje de amigas que se dan la mano. La cosa prometía, pero todo quedó en agua de borrajas. Aunque no creo que por temor de los productores o del director, sino porque ahora Dana Delany (Katherine en Mujeres...) tiene serie propia, El cuerpo del delito.

Por cierto, que Dana Delany es la misma que hace de senadora homosexual en The L Word y trata de seducir a Bette Porter (Jennifer Beals; sí, la de Flashdance). Y por cierto, que Mujeres desesperadas rompe más convencionalismos al retratar su relación entre mujeres que su relación entre hombres. Ambas cosas dan que pensar.

Exes and Ohs es otra serie de chicas, como las llaman algunos –subvirtiendo (aparentemente) sin saber, el significado tradicional de la expresión "de chicas", que vendría a equivaler más bien a una sesión de peluquería y pedicura del corte más heterosexual). Pero al parecer de momento está estancada, como Lip Service. The Good Wife y True Blood también incluyen relaciones homosexuales, pero, por desgracia, son periféricas. Girltrash sería la más rompedora. Una serie de lesbianas a lo Tarantino. Muy recomendable, hasta por la música.

España también ha hecho sus pinitos en series como Aquí no hay quien viva u Hospital central. Y naturalmente hay muchas más series, películas, libros y documentales en muchos sitios, cerca y lejos, que el espacio y el tiempo me impiden incluir.

La cosa es que la homosexualidad está cada vez más presente en la ficción y, gracias a ello, se hace más palpable en la realidad.

Para estar a la última de personajes homosexuales, tanto reales como ficticios, recomiendo las siguientes webs: POWERUP, AfterEllen, AfterElton y Diva. Y, para reírse un rato de clichés, una comedia que ya tiene 13 años pero sigue vigente: But I'm a Cheerleader. (Sí, es de 1999 y es juvenil, pero, al fin y al cabo, los clichés son mucho más antiguos e infantiles). Tampoco está mal It's in the water. (Ésta es de 1997, pero seguro que aún hay gente que cree que la homosexualidad se contagia...).

by bertelmax

"Sonrisas y lágrimas" o reír por no llorar

Hace poco me llegó a través de una colega traductora un vídeo muy... digamos "sugerente" sobre la "participación de la mujer en la investigación biotecnológica", o eso rezaba el título. En el vídeo aparece una mujer sosteniendo lo que parece ser un pedazo de cristal irrompible frente a su cara mientras un hombre dispara contra el mismo para probar que, efectivamente, es irrompible.

A estas alturas está claro que "sugerente" no es el adjetivo que buscaba. Supongo que es vergonzoso, irresponsable, temerario, indignante. Pero, ¿es también machista? ¿La vida de una mujer vale tan poco que uno puede arriesgarse a probar si un cristal es irrompible disparando contra su cabeza? Porque el único rastro de "bio" que veo al leer "investigación biotecnológica" es la vida de esa pobre desgraciada.

Sin embargo, desconozco los detalles de esa grabación. No sé quiénes eran sus protagonistas. Ignoro si ilustra una práctica habitual y alude a la existencia de "probadoras suicidas" en masa o bien se trataba únicamente de una pareja de locos que jugaba en su jardín. Sea como fuere, la mujer se llevaba la peor parte.

A los pocos días, este cartel llamó mi atención en Facebook. Su pie reza: "¿Es usted 100 por 100 femenina? He aquí los principales caracteres de la mujer femenina. En el texto explicamos el origen de estos caracteres, sus trastornos y el modo de corregir éstos".

Pues bien, los "caracteres", con los que se supone que una mujer nace, son perlas como "afición a las cosas concretas" (claro, no le pidas a una mujer que piense en abstracto porque no tiene imaginación ni capacidad para el pensamiento ídem), "predominio de los sentimientos sobre la razón" (vamos, que somos unas histéricas), "deseos de maternidad" (una mujer no es tal cosa si no tiene hijos), "andar gracioso y suave" (no corramos, no vaya a ser que adelantemos a algún hombre despistado y se vuelva gay; a no, que no corremos porque los tacones no nos dejan), "afición a las tareas del hogar" (afición que casualmente le va que ni pintada a los machistas), "nariz pequeña" (esto nos va bien, porque nos excluye de ser Pinochos e ir por ahí contando mentiras tan flagrantes), etcétera, etcétera, etcétera.

Parece cosa del pasado y, si una se lo toma así, hasta tiene gracia por lo ridículo que es. Quiero decir, que está claro que el genio tras el cartel se desacredita a sí mismo. Sin embargo, no tiene tanta gracia cuando aún se encuentran trazos de esa doctrina de "lo femenino" (y por desgracia se encuentran en cantidad) en el presente. Que si hoy estás muy femenina porque te has pintado (todo el mundo sabe que las niñas nacen con un pintalabios en la mano), que si, mujer, ponte tacones que pareces un marimacho (es que nosotras nacemos con tacones; se forman inicialmente en la vagina del feto y en el tercer trimestre se desplazan a los pies), que si es niña hay que vestirla de rosa (porque es innegable que los niños son azules), etc.

Pero lo que sí es gracioso es que "lo femenino" es lo más masculino que existe, dado que es un ideal inventado por el hombre machista para aplicarlo a la mujer tal como la quiere, que es con tacones, con falda, pintada, temerosa, callada, aficionada a sus labores, a sus cosas (cosas de mujer, claro, pero ¿las cosas no están ahí para todos?), sus tareas del hogar (porque el hombre no vive en un hogar, el hogar es cosa de mujeres y de maricas; los hombres aún viven en cuevas y no es cosa suya si el hogar entra en combustión espontánea) y, cómo no, también la quiere tal como solía decirse, con la pata quebrá y en casa.

Y fíjense que digo "el hombre machista", no el hombre a secas. Porque, como dice Nuria Varela, "el feminismo no es lo opuesto al machismo". No se trata de dejar al hombre como un guiñapo y someterlo a las mismas injusticias, sino de igualar los derechos de todos, ya sean hombres, mujeres, heterosexuales, homosexuales (que no maricas), blancos, negros, verdes o unidimensionales. Y cuando digo igualar albergo la esperanza de que no sea por el peor rasero, ése que ha dado en convertir también al hombre en un objeto.

Para acabar, aclararé lo del título. El domingo pusieron en Divinity Sonrisas y lágrimas. Me encantan los musicales, lo que probablemente me convertiría en gay si fuera un hombre, pero, como soy mujer, supongo que es normal. Pero lo de normal ya da para otro tema.

En fin, que este artículo me vino a la mente cuando escuché el número de I am sixteen going on seventeen. La verdad es que es desternillante. Todo un hombretón con la piel curtida, pues así son los chavales de 17 que van para 18, pone sobre aviso a una cándida damisela de 16 que va para 17. Todo muy lóveli. ¿Pues no le canta el mocoso que ella no está para nada preparada para lo que le espera (el acoso masculino al estilo más depredador; ¡hasta dice que los hombres le darán vino!) y añade que necesita de alguien mayor y más sabio que le diga lo que debe hacer (You need someone older an wiser telling you what to do. I am seventeen going on eighteen, I'll take care of you)? Si eso no es machismo y paternalismo en su máximo esplendor, que baje Dios y lo vea (ay, no, que Dios es un hombre también). ¿Y a quién nos encomendamos? De ahí lo de reír por no llorar.

Conclusión: está claro que las cosas han cambiado desde Sonrisas y lágrimas, desde la época en que se hizo el cartelito de "lo femenino" y desde que una pobre desgraciada se colocó un cristal delante de su naricita para que el hombre jugara a sus cosas. Pero sigue habiendo muchos que aún creen que dar más libertad a la mujer es ampliarle la cocina y que una es camionera si no lleva minifalda, lo cual es discriminar tres veces, a las mujeres en general, a las camioneras y a las mujeres homosexuales.

Por desgracia, dichas personas no se dan cuenta de que eso discrimina al hombre también, pues no le deja, por ejemplo, llorar (pese a tener conductos lagrimales), teñirse el pelo si en la caja del tinte no pone Just For Men o algo así como "esto hará que te crezca el pene", hablar de temas que no acaben siempre en fútbol y tetas (si es que no empiezan en fútbol y tetas), etc. En fin, una verdadera lástima.

Un último apunte. Hace años me horrorizaron dos comentarios de dos colegas filólogas. Una repetía maquinalmente el bulo ése de que Mary Shelley es una "escritora masculina" porque escribió una novela de ciencia ficción y la otra comentó que "la ironía y el sarcasmo son rasgos propios del humor masculino".

En primer lugar diré que Frankenstein no pertenece al género de la ciencia ficción, sino al de la literatura fantástica. En segundo lugar, pero no menos importante, el libro de Shelley habla de filosofía, religión, paternidad, ciencia, cultura, amor, bondad, maldad, venganza, tristeza, soledad, todos ellos asuntos humanos y por tanto obviamente tanto femeninos como masculinos, pues atañen a todo ser dotado de alma (y, como sabemos ahora, la mujer también tiene una). Es una perogrullada, pero había que aclararlo.

Por otro lado, la ironía y el sarcasmo son, por los mismos motivos citados antes, tan legítimos en la mujer como en el hombre, pues, vuelvo a insistir, son rasgos humanos. Decir que esa clase de humor es más propia de un hombre equivale a decir que la cocina o la limpieza son actividades más propias de la mujer. Otra perogrullada.

Lo peor es que estos comentarios sí son recientes.

Y ahora sí, acabo. No sin decir antes que es preciso luchar contra tanta ignorancia. Hombre y mujer no son físicamente iguales; ninguna persona es igual a otra, ni siquiera los llamados "gemelos idénticos". Eso nos hace únicos. Pero recordemos que también compartimos más de lo que nos diferencia. Pechos, pene, vagina, testículos y más o menos pelo. Ah, pero pulmones, brazos, piernas, riñón hígado, cerebro, ojos, orejas, nariz (más o menos pequeña), dedos, estómago, vejiga, boca...

No obstante, no se trata de similitudes o diferencias. Aunque unos fueran de Marte y otros de Venus, como afirman ciertos libros que me dejan estupefacta, todos tenemos derecho a los mismos derechos, valga la redundancia. Y las cosas estás ahí para todos. Como alguien dijo una vez, "todas las guerras son civiles porque todos los hombres son hermanos". Pues bien, eso incluye a las mujeres.

Para consultar datos sobre las mujeres en el mundo, véase UN WOMEN WATCH.

by bertelmax


domingo, 27 de noviembre de 2011

A propósito de la entrada "No es el nombre; son los derechos"

El pasado miércoles 9 de noviembre se habló en DEMOS sobre el matrimonio homosexual. Esta tarde en la Sexta 3 he visto Adivina quién viene a cenar esta noche, y, pese a ciertos clichés machistas (al parecer se puede superar el racismo pero el machismo sigue vigente en cualquier color), es una película excelente.

Estoy segura de que ya lo han hecho otros, pero nada mejor que la aplicación del discurso del señor Drayton a la cuestión del matrimonio homosexual. Basta con cambiar colores por sexos (ah, y la alusión al "problema de pigmentación" por una simple "cuestión de sexo, genitales o género", lo que a cada cual le parezca más correcto). El "problema" no lo veo por ninguna parte. Oh, y naturalmente habrá que eliminar también eso de: [Anybody could make a case, a hell of a good case, against your getting married.] The arguments are so obvious... ¿Ah, sí? ¿Y qué argumentos son esos "tan obvios"?

Por desgracia, no he dado con el discurso en español. Ofrezco el enlace en inglés del IMDB.

by bertelmax

jueves, 20 de mayo de 2010

Pues en DEMOS sí comemos pollo

Primero va Evo Morales y suelta que los pollos hormonados transmiten la homosexualidad, como si ésta fuera una enfermedad que pudiera contraerse (por no hablar de la calvicie, claro). Y eso lo dice nada menos que el presidente de un país. Pero, si la cosa ya era lamentable, ayer TVE1 se coronó de gloria al anunciar que la Jornada de Clausura de la Cumbre de Jefes de Estado de la Unión Europea y América Latina, celebrada en Madrid, se abrió «con una nota de humor» cuando, en el momento de la foto, Evo Morales, situado en un extremo, hizo un comentario sobre la colocación de los retratados, algo así como: «Que todos estéis a mi izquierda está muy bien». La supuesta «nota de humor» llegó con la respuesta de Alan García –que, por raro que parezca, también es presidente de un país–, quien, muy agudo él, contestó: «Sí, pero no comemos pollo».

¿Qué quiso decir García con eso? En DEMOS diríamos que algo así como: «Sí, pero no somos homosexuales». Aunque probablemente en su cabeza sonó más bien como: «Sí, pero no somos maricones» (o, para ser más exactos: «Sí, pero no somos maricones ni calvos»). Y al parecer esto hizo mucha gracia al resto de mandatarios, porque se echaron todos a reír. En serio. Véanlo, véanlo (exactamente en el minuto 25:49): Alan García no come pollo.

Nosotros lo que no vemos es esa «nota de humor» por ninguna parte, la verdad. ¿Se puede permitir que el presidente de un país diga que el pollo «con hormonas femeninas» provoca homosexualidad? En DEMOS tenemos sentido del humor, pero esto ya no es sólo una ofensa a los homosexuales –y de paso a los calvos­–, sino un insulto a la inteligencia. Y la respuesta de García, otro tanto, por no hablar de la carcajada de todos esos jefes de Estado. Pero, además, por si fuera poco, en la televisión pública española lo presentan como un chiste.

¿Y esta gente es de izquierdas? ¿Pero quién nos está gobernando y quién nos informa? Naturalmente la culpa es nuestra, ¿pues qué nombre recibiría quien se deja guiar por personajes de tan soberbia formación y sensibilidad? Ante tanta estupidez, lo que nos apetece decir ahora es, simplemente: «Pues en DEMOS sí comemos pollo».

by bertelmax

lunes, 15 de marzo de 2010

Woman is the (Dumb) Nigger of the World

(Esto porque ya no es el día de la mujer, precisamente)

Lo dijo John Lennon, que la mujer es el negro del mundo. Aunque él no dijo negro, sino nigger, un término bastante ofensivo que podría traducirse por «negrata». Y no le faltaba razón. Es más, yo diría que además de negrata la mujer es muda.

Muda porque a lo largo de la historia se ha tratado sin tregua de acallarla, bien ninguneando su discurso tachándolo de cháchara de gallina –las mujeres cotorrean; los hombres tienen conversaciones–, bien privándolas por completo del derecho legítimo a defenderse del modo más mezquino. Me explico: el mayor daño que ha infligido el hombre machista a la mujer es hacer que se sienta avergonzada de luchar por sus derechos, es decir, de ser feminista. El ecologista y el pacifista se enorgullecen de serlo, pero la mujer aún se avergüenza de decir que es feminista, aun a sabiendas de que, desde el punto de vista de la moral, no se puede ser otra cosa en este mundo. Pero, gracias al hombre machista, una feminista es un marimacho o, ¡peor!, una lesbiana. Y ello implica muchas cosas.

En primer lugar, y por obvio que parezca decirlo, no tengo más remedio que apuntar que la homosexualidad no es un herpes ni ninguna enfermedad, ni siquiera –para sorpresa e indignación de muchos– es nada malo (¡oh!). Es simplemente una condición tan natural como cualquier otra, y ni que decir tiene que ser homosexual no equivale a ser activista.

En segundo lugar, no estaría mal analizar qué es más masculino, si una «marimacho» o el concepto de lo que entendemos por «femenino». Vuelvo a explicarme. Lo que entendemos por «femenino» es el concepto más masculino que existe. Es la mujer florero que se «educa» o más bien se «antieduca» –en todos los aspectos– para solaz del hombre –heterosexual, claro–, la que, como decía el chiste, tiene más libertad cuando se le amplía la cocina o se le abrevian las bragas.

Y es que, tras la mal llamada «revolución sexual», la mujer de hoy –occidental, claro– cree que es dueña de sí misma y que ahora tiene la sartén por el mango –metáfora muy desafortunada, por cierto. Pero se engaña. La mujer sigue siendo esclava de ese concepto de feminidad impuesto por el hombre a lo largo de la historia. Un claro ejemplo de ello es la creencia por parte de millones de mujeres de que deben maquillarse, pintarse, adornarse, operarse y llevar ropa ajustada para ser «femeninas», cuando todo el mundo sabe que una mujer sólo puede ser más mujer insertándose otra vagina o chutándose estrógenos en vez de botox. Lo demás nos puede gustar o no –yo misma, debo confesarlo, ¡me depilo!–, pero sólo son convencionalismos que nada tienen que ver con ser un hombre o ser una mujer.

Todos cambiamos nuestra imagen de un modo u otro. Nos depilamos, nos teñimos, nos rapamos, nos maquillamos, nos dejamos barba, nos sometemos a operaciones de aumento de pecho o de pene. Pero nada de eso tiene nada que ver con ser un hombre o ser una mujer, y por supuesto nada de eso tiene que ver con ser un individuo. Son sólo costumbres, imposiciones, etiquetas, lastre. Son sólo barreras que llevan a unos a distanciarse de otros hasta verlos como un puntito, una menudencia, una mota en su camino; hasta verlos como seres distintos, tan distintos que hasta pueden considerarse inferiores, de otra casta, incluso de otro planeta, como la tontería ésa de que los hombres son de Marte y las mujeres, de Venus. Claro, los hombres son guerreros salvajes que no lloran (pese a tener conductos lagrimales) ni se conmueven por nada, guerreros implacables dispuestos a comerse el mundo, y las mujeres quedan relegadas a los asuntos del amor y las artes amatorias para satisfacerlos, porque nosotras (¡oh!) ¡somos taaan sensibles!

Uno se lo puede tomar a risa. Es fácil y además es contagioso. Pero en el fondo es una cosa muy triste. Porque desde que nos visten de rosa porque somos niñas hasta que nos tiran por una ventana porque somos mujeres no hay más que un paso. Porque cuando una mujer, un negro, un homosexual, un inmigrante, un pobre se convierte en el otro, en el inferior, el infrahumano, el de otro planeta, entonces es más fácil arrojarlo por una ventana, quemarlo vivo, arrancarle las piernas o rociarle la cara con ácido.

Sí, dan mucha risa los libros ésos que cuentan que las mujeres no entienden los mapas y los hombres no escuchan. Dan mucha risa por lo estúpidos que son, claro. Porque, una vez más –¿hace falta decirlo?–, el único pecado que comete el hombre es no escuchar (porque no le interesa lo que puedan decir las mujeres, en especial la suya), pero la mujer resulta que no «entiende» los mapas, es decir, que es idiota, como corresponde a su naturaleza taaan sensible, sometida al irracional gobierno de las hormonas y, por tanto, incapacitada para pensar con claridad pero dotada de una sensibilidad prácticamente sobrehumana y de emociones tan intensas que un hombre ni sospecha que existen.

Y no podría ser de otra manera, porque, ¿no se han dado cuenta?, ¡somos taaan distintos! Sopesémoslo: un pene y dos testículos frente a dos pechos más o menos prominentes y una vagina contra, veamos (en condiciones ideales), dos ojos, una boca, una nariz, dos orejas, 32 dientes (si no les rompieron unos cuantos por no escuchar), dos manos, dos brazos, dos rodillas, dos piernas, un estómago, un hígado, un páncreas, dos riñones... ¿Seguimos? ¿Que somos diferentes? Por supuesto, eso es innegable. Hasta un tonto lo sabe. ¿Y qué? Eso, por sí solo, no nos define.

Y digo yo, ¿hace falta definirnos? Porque somos muchas cosas. Y, sí, todos y cada uno de nosotros somos distintos. No hay dos iguales, ni siquiera los «gemelos idénticos» son idénticos. Pero no olvidemos que la mayoría de diferencias son culturales y que el mundo sería un lugar mejor si viéramos personas en vez de hombres, mujeres o «gente», otro concepto con el que nadie se identifica, por cierto, porque «la gente» siempre son «los demás», «los otros». «La gente ve Gran Hermano», «la gente no sabe lo que hace», «la gente es idiota». En fin, ya saben, «la gente» dice muchas cosas. Oh, y ya sé que hablar de «la mujer» se contradice con «ver personas», pero de momento no se hacen leyes para individuos.

Para acabar, dos cosas. La primera: ya sabemos que el Día Internacional de la Mujer es una farsa, como todos los días internacionales de algo, y que queda mucho por hacer y que haría falta otra gran guerra que dejara al mundo escaso de hombretones para que los derechos de la mujer se equipararan por fin con los del hombre, pero no por eso vamos a callarnos la boca, y precisamente para eso debe servir el Día Internacional de la Mujer, para recordar cuánto queda por hacer y para honrar a tantas mujeres que se negaron a callarse. Y segunda: dumb es «mudo» pero también es «bobo». Lo digo por si se cuela algún listo chistoso que se apunta al carro del jijijí, jajajá y dice que la mujer es una negrata estúpida. Puede que hayan intentado dejarla muda, pero de tonta no tiene un pelo –sobre todo desde que se inventó el láser.

by bertelmax

viernes, 19 de febrero de 2010

Parece que sólo hay sabios, no sabias

Interesantísimo artículo de Julen Iturbe en su blog: ¿cómo es posible que cada vez que el político de turno crea un comité de sabios este sólo esté compuesto por hombres???!!!! ¿Es que no hay mujeres profesionales en cualquier disciplina para aconsejar a quien lo requiera?
Increíble que estos mismos políticos se llenen la boca con la igualdad entre hombres y mujeres pero cuando tienen la oportunidad de aplicarla, miren hacia otro lado.

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