Atónita me tiene este gobierno autodenominado socialdemócrata. No sólo es incapaz de mostrar un mínimo de sabiduría cuando arrecian malos tiempos, sino que además tiene la desfachatez de hacer pagar el pato a la Cultura cuando tiene que 'recortar gastos'. Resulta que entre las medidas para ahorrar dinero público, al gobierno de Zapatero no se le ocurre otra cosa que despedir a la directora de la Biblioteca Nacional.
Se me ocurren bastantes altos cargos de cualquier ministerio (incluida la propia ministra Sinde, de Cultura, a tenor de su trayectoria al frente de esta cartera) el despido de los cuales sería más lógico que el desprecio que significa descabezar a una institución independiente como la Biblioteca Nacional. Ahora, dicen en Moncloa, pasará a depender de un ministerio -se supone que de Cultura, aunque vete tú a saber-, exactamente como en tiempos de Franco. Qué bien.
En el fondo, subyace el eterno error de nuestra enana clase política: algunas partidas no son gasto, son inversión. ¿Parece lo mismo dicho de otra manera? En absoluto. Gasto es aquello que no revertirá nunca en un beneficio colectivo. Inversión, todo lo contrario. Dedicar dinero a Educación, Cultura, I+D o Industria puntera no es 'gastar dinero', es 'invertir dinero'.
Dedicar dinero a la especulación del territorio, al ladrillo y a tantos altos cargos del Estado, de las autonomías, de las diputaciones y de los ayuntamientos -vayan sumando- sí que es 'gasto'.
Por cierto, en España el número de funcionarios ya supera en un 25% al número de empleos en la Industria. Claro que entre los funcionarios se cuentan médicos, maestros, bomberos, policías... Pero no son éstos los que hacen poner los pelos de punta. ¿A que no?
Pero a la que despiden -por tanto, no era funcionaria- es a la directora de la Biblioteca Nacional. Increíble.